MARRUECOS

Introducción

marruecos

Vamos a hablar de mi primera experiencia en África, que además coincide con mi primer viaje en parejas. Se trata de una pequeña ruta planificada por mi mismo gracias a otros blogs y la experiencia también de nuestra amiga Loreto. Visitamos en este orden: Tánger, Chefchaouen, Tetuán, Casablanca, Marrakech, Ait Ben Hadu y Uarzazate.

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La ruta 

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Tánger

Empezamos esta odisea en Tánger, donde habíamos alquilado a través de “Rentalcars.com” un Dacia Duster o similar (coche más utilizado en Marruecos con diferencia), ya que no teníamos mucha idea de los caminos que podríamos encontrar. Finalmente nos dieron un Renault Laguna. Menos mal que no nos dio tiempo para ir a Merzouga… Aún así tuvimos fiesta al atravesar el Atlas. Por cierto, no se asusten si ven una matrícula con formato de pegatina en el vehículo. Se trata de una matrícula temporal de unos 3 meses de duración.

En Tánger sólo tuvimos tiempo para cambiar unos euros por dirhams marroquíes (MAD), comer y llenar el depósito. El restaurante se llamaba “Valencia”, muy próximo al puerto. Nada del otro mundo, eso sí, muy barato. En cuanto al cambio de divisas, comentaros que no hay apenas variación entre todas las cajas. Si quieres hacerlo en la calle a cualquier paisano, te puedes llevar un disgusto como así me recomendó un hombre delante de la caja en la que finalmente entré.

Chefchaouen

El viaje de Tánger a Chefchaouen duró unas 2 horas. Buena carretera hasta Tetuán (autovía aunque con muchas rotondas), pero no se puede decir lo mismo (carretera de doble sentido llena de marroquíes sin prisas).

Nos alojamos en Casa Annasr, un hotel/pensión muy sencillo y tranquilo. Pedimos 2 suites que eran bastante grandes. En una de ellas tuvimos problemas con el agua de la ducha y en general la calefacción no funcionaba muy bien. El trato por el personal del hotel fue muy bueno. Destacar que dejamos el coche en el hotel tras pagar y cuando regresamos para continuar con la ruta, el dueño del hotel no preguntó si habíamos perdido algo, y “voilâ”: la cartera llena de dinero y tarjetas de mi amigo. No faltaba absolutamente nada. He aquí una de las mejores costumbre de los musulmanes: la hospitalidad. Muchas gracias amigo!

Cenamos en el restaurante Aladín, el cual recomendaban en TripAdvisor. No nos decepcionó. Una decoración muy bonita y tradicional, con varias plantas y una terraza en la azotea. Aquí probamos nuestro primer “tajín” (un poco pobre) pero con buen sabor. Y he aquí nuestra primera sorpresa: no vendían nada de alcohol, ni siquiera una cerveza.

Por el día dimos una vuelta por calles de la kasbah llenas de tiendas artesanales y por unos lavaderos tradicionales en la próximos al Hotel Parador. Es una visita obligada. El color azul de sus casas hacen de esta ciudad única.

Tetuán

Poco voy a comentar de Tetuán, ya que sólo paramos para comer. Un paisano nos llevó a un restaurante típico marroquí al estilo VIPS, pero en cutre. Si les gustan los dátiles, he decir que aquí están muy buenos. Aunque el precio muy similar al de España, unos 12€ (los carnosos).

Se nota la presencia española de años atrás por el estilo de los edificios, iglesias católicas y algún que otro antiguo cuartel militar.

Casablanca

Por fin llegamos a la famosa Casablanca después de 5 horas de coche desde Tetuán. Cuidado con el pedazo de atasco en los alrededores de Rabat. Tengo que destacar algo que me llamó mucho la atención: lo verde que es el paisaje. Hasta Marrakech la gran mayoría del terreno es verde (nada árido).

En Casablanca nos alojamos en el Hotel Imperial Casablanca. Bastante céntrico y cómodo para moverse por las proximidades al puerto y la famosa mezquita de Hassan II. Sin embargo me decepcionó cuando pedí una plancha con su mesa para yo mismo plancharme la ropa, y no me la dieron porque parecía que el encargado de la limpieza había cerrado el cuarto de limpieza y se había ido ya a su casa (se trata de un hotel de 4 estrellas…).

Esa noche cenamos en el restaurante Ostrea, en el mismo puerto, y celebramos mi cumpleaños. Buen servicio, buen marisco, buenos precios y además sirven alcohol.

Al día siguiente visitamos la mezquita de Hassan II, preciosa y grandiosa, con muy buena situación próxima al mar, aunque el “mármol” exterior y el metal de las puertas no parecían de muy buena calidad. No pudimos entrar porque las visitas son antes de las 12:00 y por la tarde.

Además dimos una vuelta por la Antigua Medina, donde comprobamos el auténtico caos  y donde le echamos bemoles y nos comimos unas fresas que compramos a unos chavales tras unas risas contando en árabe hasta el cinco (sin rima). Después comimos cerca de la Plaza de Naciones Unidas. Nada que destacar.

Marrakech

Personalmente la ciudad más bonita del viaje. Paramos una noche, para volver tras visitar Uarzazate y pasar otros 2 días más.

En nuestra primera estancia nos alojamos en el Hotel Chems, próximo a la mezquita Kutubía. Una verdadera decepción (hotel de 4 estrellas..). Hay un parking con varios “gorrillas” justo a la entrada del hotel. Hay que atravesarlo para llegar al hotel. No se amedrenten si les paran. Sigan hacia el fondo, donde se encuentra el hotel con una barrera de seguridad. Se trata de un hotel antiguo, con camas poco cómodas, “wifi” de mala calidad y desayuno con poca fruta y poca variedad.

En cuanto a la cena, les recomiendo que reserven, al menos con 12 horas de antelación. Tuvimos que preguntar a un taxista y menos mal que la jugada salió bastante bien. Esa noche cenamos en el restaurante Dar el Baroud, con muy buena decoración y con música de instrumentos marroquíes en directo. La comida no estuvo mal. Bastante cantidad, aunque eso sí, un poco caro. Bajo mi punto de vista no merece las malas críticas de Trip Advisor. Se trata de un establecimiento para turistas en una zona céntrica.

Al día siguiente salimos temprano hacia Uarzazate.

Uarzazate

Auténtica aventura. El viaje no tiene desperdicio, desde comida en la montaña con paisanos locales de pueblo de carretera hasta una potente multa por la policía de carreteras (VAN DE BLANCO).

La primera sorpresa fue la carretera en la parte alta del Atlas, era de arena por obras. Ya quisiera Carlos Sainz trazar las curvas en arena como nosotros, sobre todo adelantando a camiones.

A mitad de camino paramos en Agouim para comer en el sitio más auténtico de todo el viaje. Se trata de un bar en la acera de la derecha en sentido a Uarzazate. Pedimos unas ensaladas marroquíes (vinagreta de tomate, pimiento y cebolla) y unos fajines. Como no sabíamos explicar que lo queríamos de cordero, nos invitó a pasar a la cocina. Espectacular, pero olía muy bien. Del aseo ni hablamos. Pero la verdad es que la comida estaba francamente buena y sólo pagamos unos 20€ entre los 4.

Antes de llegar a Ait Ben Hadu, en una recta larguísima, nos paró la policía de carreteras. Me enseñó una foto en un radar tipo pistola de un vehículo a 102 km/h. Se veía tan mal que no sé ni si se trataba de nuestro coche. Tras enseñarle los papeles del coche me hace salir del vehículo y me lleva aparte. Me enseña un folio escrito a mano donde se leía de 60-80 km/h eran 30€, de 80-100 km/h  50€ y más de 100 km/h 70 euros. Tras poner cara triste me devolvió 20 de los 70€ pagados en mano, y tras bromear con el Real Madrid y el Barcelona finalmente me devolvió otros 20. Resultado: 30€ regalados al policía.

Posteriormente, llegamos a Ait Ben Hadu. Se trata de una Kasbah muy bien conservada y donde se han rodado multitud de películas. Tiene muchas tiendas de recuerdos en su interior. El río y la vegetación que rodean la población hacen de ella un oasis precioso. Merece la pena visitarla.

Finalmente llegamos a Uarzazate y nos alojamos en un hotel muy normalito en la misma carretera principal, La Perle du Sud. Nada que destacar.

Tuvimos tiempo, antes de anochecer, de visitar los alrededores de la Kasbah Taourirt, con un guía que se autocontrató. Por mucho que les digas que no te acompañen y les enseñes tu GPS, es imposible quitártelos de encima. Nos explicó la historia de la Kasbah, la zona judía y alguna tienda de telas y ropa de alguno de sus amigos. Nos fumamos una cachimba de manzana (nada de “grifa” como así la llaman) en la azotea de un edificio de barro viendo la puesta de sol.

Esa noche cenamos en un restaurante a las afueras del pueblo llamado La Kasbah des Sables, de un francés muy simpático afincado en la zona. Comida muy sabrosa, vino marroquí del Atlas y una decoración espectacular. Muy recomendable y precio razonable.

A la mañana siguiente, antes de abandonar Uarzazate, decidimos visitar la Kasbah Tifoultoute. El acceso a su interior estaba cerrado, por lo la rodeamos para verla por fuera. Casas de adobe y alguna paisana tendiendo la ropa. Las vistas recomendables están al otro lado del río “Asif Tidili”. Estando ahí, pudimos visitar los famosos estudios cinematográficos de Uarzazate donde se han rodado películas como Gladiator o Asterix y Cleopatra, pero por premura decidimos volver a Marrakech.

Marrakech, segunda parte

En esta ocasión sí vamos a hacer algo más de turismo por esta bonita ciudad. Nos alojamos 2 noches en el hotel Riad Wow, el mejor con diferencia de todo el viaje, y también el más caro. La decoración es magnífica, con mucho detalle, aunque la calidad de muchos materiales es la típica de lo que se puede encontrar en el Zoco. Terraza en la azotea con vistas a jardines y a la mezquita Kutubía. Eso sí, el spa hay que reservarlo con tiempo o se quedará con las ganas como nos pasó a nosotros.

Cenamos en un restaurante de moda llamado Comptoir Darna, donde más vale no llegar 15 minutos tarde o se podrá quedar sin mesa. Tiene 2 plantas y una pequeña terracita. Se degustan platos típicos marroquíes pero en pequeñas cantidades. Lo mejor es pedir de todo, en plan menú degustación. El ambiente es elegante con muchos turistas y gente local con dinero. Durante la comida salen bailarinas exóticas que le deleitan con la danza del vientre entre otras. Es algo caro para la calidad de la comida, pero lo recomiendo.

Al día siguiente visitamos los jardines de Yves Saint Laurent y después intentamos visitar el Palacio Badii pero estaba cerrado y lo abrían después de las 15:00, por lo que decidimos callejear y acabamos en una perpendicular a la Avenida Hommane Al Fatouki, en una tienda del barrio judío, con una gran cantidad de especias. Más tarde nos fuimos a la Plaza de Jamaa El Fna donde se pueden encontrar encantadores de serpientes, danzas, carretas de caballos (algo maltratados) y vendedores de cualquier cosa, incluso de dientes. Cuidado si se para delante de alguno porque le van a sacar hasta el último dirham. A mi me llegaron a meter una serpiente por el cuellos de la camiseta por no darle el dinero que me pedía.

Las mujeres decidieron visitar las numerosas calles del Zoco desde la Plaza Jamaa El Fna hasta la Calle Sidi el Yamani para hacer las típicas compras de juegos de té, pashminas, objetos de decoración, etc… Los hombres nos volvimos al hotel a refrescarnos con unos gintonics.

Esa noche, para cerrar las vacaciones, cenamos en el restaurante Le Fondouk. Elegante, con variedad de platos y vinos, con notable influencia francesa, servicio un poco perdido y algo caro. Intentando salir un poco de los tajines, picamos un poco de todo y nos salió a unos 40€ por persona. El acceso es algo complicado porque hay que andar un poco tras bajar del taxi, lo cual a las 00:30 de la noche no es muy agradable yendo con mujeres elegantes.

Observaciones

  • Puntuación general de Marruecos: 8
  • Playas: —-
  • Comida: 7,5
  • Ambiente (vida diurna y nocturna): 8
  • Cultura (momentos, edificios…): 8
  • Repetiría viaje: SI (centrándolo en el sur y viendo Merzouga).
  • Recomendaría conocerlo: SI.

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